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¿Qué significa el TLC?

Después de tantas opiniones emitidas, medias verdades y mentiras, es difícil diferenciar cuál es el verdadero significado de este TLC. Hago aquí el intento de dar un poco de luz a este debate, aportando un granito de arena a esta discusión, en un momento histórico importantísimo para el país.

Por Luis Mesalles Economista Socio Consultor de Ecoanálisis Lo hago, desde luego, desde mi perspectiva de economista y advirtiendo que soy un fiel creyente de que el comercio internacional contribuye significativamente, al progreso económico de un país, especialmente, uno tan pequeño como Costa Rica.

Dicho esto, podemos decir lo que NO es el TLC:

• NO es la “Pomada Canaria”. El TLC por sí solo no resuelve todos los problemas económicos o sociales del país. Los efectos positivos que se puedan dar, dependerán de la capacidad del país para sacarle provecho a las ventajas que traerá la mayor cantidad de comercio que se debería dar con el tratado (en ambas vías, tanto importaciones como exportaciones).

• NO es tampoco la “Pócima Maldita”. El TLC no llevará al país a su peor crisis económica y social de la historia, no acabará con los agricultores del país, ni con nuestra idiosincrasia.

Con el tratado, la estructura de la economía cambiará, de igual manera que lo hace ahora a diario sin tratado. Habrá ganadores y también perdedores, pero dependerá de qué tan rápido se logren adaptar a la nueva estructura aquellos que se vean menos favorecidos por el tratado, para que la pérdida sea lo menos dolorosa posible. En este punto, los programas de educación y reentrenamiento, tanto del sector público como del privado, son fundamentales.

• NO es un simple tratado comercial. Además de bajar aranceles en muchos productos (en Estados Unidos y en Centroamérica), el tratado incorpora muchos otros aspectos referentes a las relaciones comerciales, de intercambio de servicios, laborales, ambientales y de derechos de propiedad de los países involucrados, entre otros.

• NO es Libre Comercio. El tratado incluye muchas excepciones al libre intercambio de bienes y servicios entre los países. Están los productos que quedaron totalmente excluidos (por ejemplo, papa y cebollas), y aquellos cuya reducción en aranceles tomará hasta 20 años en algunos casos (leche, pollo, arroz, etc.).

Ahora bien, de aprobarse el TLC, significa que:

• SÍ habrá una mayor inserción de Costa Rica al mundo. Los cambios tecnológicos, que cada vez surgen más rápido, han reducido los costos de logística (movimiento de información, tecnología, materiales y personas). Costa Rica, siendo un país tan pequeño, no se puede dar el lujo de quedar rezagado en ese campo, ni aislado del resto del mundo.

• Se le dice SÍ a la inversión extranjera. Con la aprobación del tratado se le estaría dando una señal a la comunidad internacional de que Costa Rica está dispuesta a tener las condiciones adecuadas (“una cancha bien marcada”) para que los inversionistas quieran hacer cada vez más negocios en el país, generando mayor producción, empleo y riqueza.

• SÍ habrá respeto a la propiedad privada. El tratado implica que el país está reconociendo que el desarrollo del país requiere de la participación de empresarios (grandes, medianos, pequeños y micros), mediante un sistema de derechos de propiedad bien establecidos y respetados. Esto es básicamente seguir con el rumbo de respeto a la libertad de asociación empresarial que siempre ha existido en el país.

• SÍ habrá una mayor competencia. Con la baja en los aranceles viene la posibilidad de importar más y, por ende, un mayor grado de competencia para los productores locales. Con el rompimiento de los monopolios estatales de telecomunicaciones y seguros, viene la posibilidad de elegir entre varias opciones. El gran ganador de esto será el CONSUMIDOR (es decir, todos los costarricenses).

En fin, aunque el TLC no sea la “pomada canaria” que nos pueda llevar automáticamente a ser un país desarrollado de la noche a la mañana, tampoco es esa “pócima maldita” que algunos pretenden hacer creer.

Eso sí, desecharlo ahora sería equivalente a echar marcha atrás en los avances que ha tenido el país en pro de una mayor libertad. En verdad, sería apostarle a un cambio drástico de cómo se vienen haciendo las cosas. Votar SÍ al TLC, en cambio, significa dar un paso en la dirección correcta hacia el desarrollo.

¡Usted decide qué camino escoger!



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